Cómo amarse a sí mismo

Ideas sobre el "Buen hombre".

2020.06.10 22:23 Otro_engranaje Ideas sobre el "Buen hombre".

¡Qué tal comunidad! Estos días, poniendo en palabras ideas sobre una cuestión que me tenía intranquilo, acabe por redactar unas hojas de lo que creo podría describirse como un "buen hombre", entendiendo por "buen" o "bueno" una acción benefactora hacia un otro que no persigue un interés y como "hombre" a una persona, mujer u hombre (para que no se sientan invisibilizadas las damas). Quería compartirlo, porque solo en mi cuaderno no tiene mucha utilidad, así que lo publicare por acá y por mi blog, para que puedan leerlo allí con letras más grandecitas de las que solo me permite Reddit. Allá voy:
El buen hombre.
Creo que cualquier persona ha escuchado, más de una vez en su vida, decir que tal o cuál persona es un "buen chico", una "buena muchacha", un "buen hombre". Nunca escuche que alguien me defina, sin recurrir a ejemplos a modo de ilustración, el significado de "bueno" o "buena" en cuanto a una persona se trata. Por lo general, se es bueno cuando se hace el bien, y ya. Pero esta cuestión ética es sumamente delicada. Así como muchos de nosotros hemos oído de alguien que ese alguien es "bueno" o "buena", hemos visto también (u oído) de ese mismo alguien justamente lo contrario. ¿O nunca les ha pasado?
Hablamos de la "buena persona" como el buen "humano", no como persona desenvolviendo un rol en determinado campo social. Entiendase entonces que no hablo del buen alumno, del buen empleado o del buen futbolista, entre otras profesiones y dedicaciones. Hablamos del ser humano, aquel ser característico por su amplia capacidad de razonar, aunque a veces esto aumente sus posibilidades de generar acciones contraproducentes a su propio ser y a sus pares.
En mi opinión, no hay nada más complicado en la actualidad, empresa más obstaculizada, que la de "ser" humano. Antes que me sumerja en este punto, quería enseñar un ejemplo de lo que es, para alguna persona -o para algunas- vivir en el mundo moderno del siglo XXI (ejemplo hipotético inspirado en la condición de un conocido, por lo que todos pueden dudar activamente de mi ejemplo).
José es un joven latinoamericano de 18 años. Él ha egresado recientemente de la escuela secundaria. Su familia es muy humilde, el padre trabaja doce horas al día; la madre, imposibilitada físicamente de trabajar por problemas de salud; sus dos hermanos, aún pequeños, recién inician sus estudios primarios en una escuela financiada con fondos del Estado (pública y gratauita). Y él, José, se ve obligado a ayudar a su padre en el sustento de la economía familiar. Sigue una carreara Universitaria, Sociología, para ser más precisos. Su poca experiencia laboral lo ha obligado a trabajar dentro de una oficina de televentas. Él llama constantemente y vende, o intenta vender, productos. Como el sueldo funciona con comisiones (más vende, más gana a fin de mes), se empeña en vender la mayor cantidad posible, de manera que pueda hacer rendir su sueldo. Vende tarjetas de crédito. La gente que responde las llamadas de José, por lo general, no la necesitan, pero el arte del marketing debe hacerles creer que sí. José preferiría dedicarse a pleno en su carrera, pero por el momento no tiene muchas opciones y la urgencia lo precipita a conservar el empleo. Mientras tanto, por las nochesm estudia en la universidad.
Un día, me comentó una situación que le aconteció durante una llamada:
- Me sentí un poco mal despues, viste... era un viejito, viudo, que me contaba que esta endeudado, que no la estaba pasando holgada economicamente. Yo igualmente le insistí hasta que le pude vender. Lo convencí de que podía pagar la deuda, ¡con crédito!, una locura... pero si no vendía se me venía el reproche del gerente, porque ultimamente no vengo con buenas rachas...
No considere apropiado juzgarlo. José no es mejor ni peor persona, al menos, no por voluntad propia. Pero este tipo de labor resulta, en circunstancias como las narradas, a la "deshumanización".
Difícil ser humano.
Ser humano es aceptar que se es humano, racional, y amarse de esta forma, amar el "ser humano" y respetar y empatizar con los pares, comprender que en el fondo todos somos lo mismo, por más diferencias que se manifiesten. No comprender esto es el primer paso a la deshumanización. La deshumanización es el proceso por el cual uno abandona todo aquello que lo hace humano en beneficio de una causa que nada tiene que ver, entonces, con lo humano (esto es, con lo racional, con el amor propio como seres y con el amor al prójimo, amor en un sentido de respeto y comprensión hacia uno mismo y hacia un otro). La deshumanización pretende convertir al hombre en una herramienta, y lo mide o lo juzga por su utilidad para determinado fin. Esto es práctico a la hora de emprender algo con el afán de realizarlo de manera existosa, pero si no se lo practica teniendo en cuenta al humano y despues a la realización de alguna tarea en particular y, por el contrario, se lo practica a la inversa, esta se convierte en una práctica sumamente interesada y meramente material.
(Partiendo del supuesto de que ser humano es difícil, es complejo, en cuanto involucra un gran esfuerzo racional y de accionar dentro de el marco de una sociedad, con todo lo que ella implica, o sea, cultura, valores, instituciones, etc.). ¿Por qué es tan difícil ser humano? pues, en primer lugar, porque primero se nos enseña a ser ciudadanos y, en segundo lugar, porque para ser ciudadanos debemos aprender a desarrollar la capacidad de ser dignos de nuestra ciudadanía. Tenemos derechos y nos comportamos dentro del marco de leyes y normas tanto explícitas (jurídicas, constituciones, leyes...) como implicitas (valores culturales, tradiciones, modas...). Crecemos en ello y absorbemos de ello.
La historia y la evolución de las sociedades nos han encaminado, hoy, a una sociedad ampliamente fragmentada, especializada y con un abanico de roles y ocupaciones tan diverso, característico de nuestro modelo social-productivo-económico, que ha facilitado el acceso a muchos servicios y bienes pero que, a su vez, ha complejizado el orden social y humano profundamente. Contemporaneamente y ya desde hace varias décadas, para vivir, se precisa dinero. Pesos, dolaes, euros, libras... la moneda es un medio para vivir dentro de "nuestro" mundo moderno. Y, para prolongar la ciudadanía, el dinero no puede faltar.
¿Cómo vivir hoy en día, creciendo en cualquier ciudad, sin dinero?
El culto al dinero.
Si hay algo cierto es lo siguiente: No se gana dinero siendo un buen "ser humano", sí quizás siendo un buen ciudadano o un buen empleado, aún más siendo un buen "emprendedor".
Como bien he mencionado, ser humano implica saberse y saber a los demás como persona, antes que cualquier otra etiqueta. Obrar para cuidar, proteger y hacer crecer la existencia humana por el simple hecho de hacerlo es lo más puro y una manifestación de ese amor. Y esto se ve, puede verse en la sociedad: organizaciones de comunidades que asisten a niños en "situaciones de emergiencia", abuelos jugando con sus nietos, madres consolando a sus hijos, gente que comparte víveres... Pero nadie "vive de" esta manera. Cualquiera pensaría que es imposible vivir de esto. Porque el amor no compra alimento, no paga los impuestos, no garantiza un techo... al menos nos bajo esta modernidad.
Ser humano no es tan importante, porque primero hay que tener ingresos que nos permitan simplemente seguir existiendo, por más que esto muchas veces nos lleve a sacrificar nuestra humanidad. Se ve a cada rato, en cada esquina y se reproduce constantemente. ¿Y lo peor? que el dinero ha creado la ilusión de que uno puede sedar su conciencia gastandolo en "amor enlatado" (juguetes, consolas de videojuegos, bebidas en alguna tienda que nos garantice que un porcentaje de lo que pagamos se destina a obras de caridad...). No solo eso, sino que también ha creado la ilusión de poder remediarlo todo. Dolores, carencias, amistades, infelicidad: Todo tipo de aflicciones. Hay una amplia variedad de ofertas. Y esto conduce a los más deshumanizados a cultivar esta devoción por el dinero como el nuevo "todo poderoso". Como dice el Astrólogo,personaje de Los siete locos, libro de Roberto Arlt: "El dinero convierte al hombre en un Dios". No estoy siendo nada radical con lo antedicho.
Se entrena, entonces, por lo general, para hacer dinero. De alguna u otra forma. Y se genera una necesidad de la cual el ciudadano es víctima. Como ciudadano que soy, no puedo juzgar ese hecho. Y por esto, por esta razón, el comportamiento del ciudadano tiende a ser lucrativo, por más noble que a veces parezca. Se solidifico esta cultura de intereses que, variables estos, siempre están presentes. Aunque sería incrédulo no creer que los intereses existieron siempre. Solo que hoy estás más disfrazados que nunca, pero pueden olerse detrás de sus disfraces. Recalco, no digo que sea malo ni bueno. Sí me atrevo a decir que no es un acto puro del buen hombre.
Intereses.
Comencemos con una pregunta al respecto, sin apuntar a la contemporaneidad: ¿Los cristianos eran "virtuosos" por pura devoción a la fe, o lo eran por el miedo a no ir al "paraíso" después de la muerte? Teniendo en cuenta lo volatil del comportamiento humano, seamos bondadozos y digamos que, entre estas dos clases de "creyentes", del total habría un 50/50. No podemos confirmarlo.
Intereses. ¿Ocuparía un gobernador su cargo político prescindiendo de los beneficios económicos que el puesto le reporta?, ¿ayudaría a los ciudadanos iletrados y daría beneficios a sectores de clase baja si de ante mano supiese que no conseguirá sus votos en las próximas elecciones?
Creo que el punto, aunque implicito, se sobrentiende. En el libro Organización Social, Scott A. Greer define a los "grupos" como "medios sociales para obtener fines individuales y sociales". Pocas veces las cosas se hacen "porque sí", o por el simple motivo de transmitir felicidad, de ser empático o amoroso. Lo que se llama incluso una "ayuda desinteresada" puede ser un medio para asentar una abstracta superioridad moral de individuos sobre otros. Y esto también tiende a deshumanizar.
Los intereses son innegables. Todos somos -en mayor o menor grado- interesados, y en parte esto es lo que nos mantiene vivos como individuos... ¿pero como "humanidad" también"?
Buenos intereses.
Parecería ser, entonces, que no existen de hecho "buenos hombres" (hablo del género humano, por ende incluyo a la mujer), sino que existen "buenos intereses". Aunque mi afirmación no es verdadera. También existen los "buenos hombres". No nos culpo a aquellos que por lo general no lo somos. Al menos, no enteramente.
Un "buen interés" es aquel que, con un fin propuesto, conviene en la ayuda o asistencia de otras personas, pero siempre y cuando haya una retribución para el "buen" interesado. Entonces, los romanos le daban pan al pueblo, pero a cambio demandará su apoyo. Este tipo de condiciones, por lo general, no son explícitas, y las mismas se sobrentienden. Ejemplos sobran, pero creo que con el simple dado todo habrá quedado bastante claro.
El buen hombre, por su parte, prescinde de cualquier tipo de "retribución" (económica, de honores, de poder), porque el solo ayudar es más puro. El buen hombre ayuda a sus pares, porque cree en la voluntad humana de resguardar a los de su propia raza (hablo del humano en general), así como respetar las otras. Y nada más.
El destino del buen hombre.
En las siguientes líneas me atrevo a afirmar y me juego mis certezas para sugerir lo siguiente: El buen hombre esta destinado a transitar solo. Pero no es una soledad amarga. Al contrario. La soledad del buen hombre hace de este un compañero ideal para transitar momentos de incomodidad y pesar, para reavivar la felicidad. Suena a película romántica, pero no lo es tanto. El hombre bueno es solitario, porque así siempre esta dispuesto a prestar ayuda. Trasciende en la memoria de muchos, pero no vive de ese reconocimiento.
Daré, al mismo tiempo, un mensaje esperanzador. Todos alguna vez en nuestra vida, hemos sido un "buen hombre/buena mujer". Y seguro más de una vez. Quizás no lo recordemos instantaneamente. Pero siempre hubo alguna instancia donde nuestra humanidad se ha manifestado por encima de nuestros deberes.
¿El buen hombre como estilo de vida?
Este es para mí un punto complicado. El "buen hombre" (suponiendo que hasta aquí todos estamos de acuerdo con la definición brindada), muy dificilmente es un estilo de vida, sino que más bien implica intermitencia, implica momentos. A veces somos o, mejor dicho, actuamos como tales, pero otras veces simplemente actuamos conforme a lo habitual (no quiere decir que actuamos "mal" o con "maldad") y, en ciertos momentos, incluso con algo de maldad. Pero esta maldad no es de ninguna manera un acto "cruel". Creo en las palabras de Platón, que veía en la ignorancia la semilla de todo mal. Y me atrevo a decir que lo es también el fanatismo que defiende un ideal con dientes y garras, sesgado en su concepción.
Por otra parte, si bien creo que no es posible tener un estilo de vida de "buen hombre", otro pensamiento me dice que, si lo hay, si hay un hombre así de puro, o vive poco, o no le conocemos o, si lo conocemos, lo mal interpretamos.
Es esto lo que creo. No pretendo convencer a nadie. Simplemente, presento mi idea, la comparto, porque es una cuestión ambigua que muchas veces pone en tela de juicio la moral. Se abusa del término muchas veces con fines alejados del verdadero comportamiento del "buen hombre". Además, considero que es una cuestión que alguna vez todos nos habremos planteado (o eso supongo).

Hasta acá llegue muchachada. ¡Gracias al que se tomo la molestia de leer todo (y al que no, porque entiendo es incomodo leer la letra tan pequeña), y espero estas breves reflexiones les haya abierto preguntas!
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2020.04.26 06:04 DanteNathanael Sal de Amanecer - Parte 1: Capítulo I.1

Así termina el día: el reloj da la última hora sobre su circunferencia y reinicia, pero él, reflejado en el centro, lo único que puede ver es cuánto tiempo ha perdido.
Detrás del vidrio circular, vector mayor y menor del tiempo apuntan rectos hacía el opaco cielo. Desfigurados claustros posthervoreos avanzan lentamente en fila bajo la fría atmosfera de las ultimas suelas anuales de Leo. En las sonrisas de luna que logran aparecer de vez en cuando entre las grietas de la troposfera, se puede oler el petricor proveniente de la naciente Aura, cortesía de la recién bautizada Katia, vanidosa hija del vórtice tropical buscando la manera de tragarse en sus cabellos efluentes la luz del Sol, para escupirla fría, difuminada y obscura—Coyolxauhqui en el reino de Tonatiuh, imponiendo desde el ojo de su vientre atmosferas extranjeras con apocalipsis en mente, despertadores para los oxidados engranajes del mecanismo tectónico.
Debajo de todo, por fin arriba, él espera . . . no hay nada, ni tampoco ha llegado a su cuerpo. Cierra los ojos por pequeños lapsos que culminan en un esfuerzo por mantenerse despierto cambiando de posición, solamente para cerrarlos otra vez y hacerlo de nuevo. La noche cae en el horizonte lentamente, el invisible manto de estrellas moviéndose silenciosa mientras los sifones oculares, pupilas negro esterlino, llevan esa luz que hace posible verlos al reino de la inconsciencia, la promesa de vida progresivamente desvaneciéndose estrella a estrella, bulbo a bulbo, interruptor a interruptor. La cantidad de silencios a su alrededor crecen, los pasos del Sueño cada vez más audibles juntos con las campanitas llenas de almas chocando entre si paso a paso . . . el deseo de pertenecer a ellos aumenta, pero el brillo cuadrangular pide un poco mas de compañía. Y con un largo bostezo Somnolencia llega, y con ella . . .
. . . llega un bólido balido expulsado del interior de alguna casa vecina, atraído por la fina influencia de sus oídos. Refunfuña tal Caguamo, meneando la cabeza exhalando frustración en torrentes sincopados a las flautas tocadas por el viento entre árboles, edificios y telarañas de cobré y PVC. Deseando reanudar su ritual con ella, quién ya ha vuelto a la seguridad de las sombras, sin saber a estas alturas de su vida una manera constante de atraerla de nuevo cuando quisiera, y sin una vibración reciente en su mano, comienza a platicar con Caguamo, como ya es costumbre, que lo espera, con un poco de frío, en la base de la plegable escalera de aluminio que uso para subir a la azotea.
"¿Qué piensas de las ovejas, 'Wamo?"
"¡Aarf! Ggrarf, arf aarf raff . . . Raf."
"Claro, si son deliciosas, ¿pero alguna vez has visto una?—viva, no en carnitas, digo—no te parecen un tanto, no sé, ¿estúpidas? ¿inocentes?"
Caguamo levanta su rostro confundido, pequeños aglomerados de hielo hay en sus bigotes, hacia su dirección. No había comentado nada sobre su sabor . . . pero claro que lo amaba. El olor característico de un domingo, con todo y sus meteorológicos tintes religiosos, volviendo el aire más pesado, difractando la luz en un espectro más cálido, colores para algunos hogareño, que llenaría sus corazones de calor con tan solo recordarlos, pero para otros el más simple y doloroso indicador de su soledad. . . . Para nada. Caguamo compartía con su compatriota humano el dolor auditivo que era aquella nueva inquilina, con la furia propia de un chihuahua.
Dentro de las sombras, el panorama cae. Los antenados, cableados y apilados bloques negros del horizonte pronto y lejano, melenas construidas de borrosos aluzamientos y brillantes bocas poligonales adornando las caras de planas obscuridades, caen hacia arriba, inversa gravedad circadiana del profundo y fluido negro que ella ha derramado con un beso entre la superficie de sus ojos y el anverso de sus párpados. Al chocar con las magmoides nubes prekatianas liberan paquetes electromagnéticos atrapados en altas estacas de acero, vibrando al llegar a su celular, movimiento periódico que quizás no en fuerza, pero si en ritmo, es indistinguible del rebote asiento-trasero del puñado de pasajeros sentados en el metro. Todos, despiertos o no, recorren alabeadas e invisibles guías al destino de siempre . . . ¿Por qué habrían de dudarlo? En la ceguera impuesta por la subterraneidad (que dos días antes había celebrado su cuadragésimo octavo cumpleaños) las sensibilidades autogeolocalizadoras necesarias para notar que efectivamente, así como al dormir, flotando en los vientres del Sueño, el rumbo, el final, habían cambiado bruscamente por capricho de Alea, eran inmensamente escasas. Dormidos a la mitad, tan cerca y tan lejos de descansar en paz, frunciendo seños, formando sonrisas, asfixiándose a efecto retardado es su apilación horizontal, son llevados a un lugar que reconocen como el mismo, pero que no podría estar más lejos de serlo.
Las ofrendas de todos los alabastrones presentes se alzan hacía los ventiladores negros.. El sonido generado por el vórtice es solamente audible cuando el metro se paraliza en miedo, junto con todos adentro. Buscan quedarse callados, el más mínimo sonido puede ser malinterpretado. La respiración disminuye, las lenguas paran de moverse en sus cavidades bucales, los audífonos empiezan a susurrar, aquella comezón debe de esperar . . . ¿esa luz estaba parpadeando cuando subí? La obscuridad del túnel empieza a multiplicarse, extendiendo su cuerpo en contra de las ventanas, crujiendo, vibrando . . . nadie parece notarlo, pero, pero, lo oyen, ¿no? Cada vez todo se hace más fuerte. . . . Es . . . no no, solo es el reflejo de sus audífonos en la ventana. Ja. Juré que era un rostro afuera de la ventana . . . está dentro, ¿no? ammm, no . . . algo definitivamente se acerca . . . viene de muy lejos, corriendo por el túnel, trayendolo consigo . . . si, los oigo, oigo sus dientes castañeando de hambre, deletreando mi nombre en sus estómagos. . . . Aquí vienen. . . . Un gran borrón naranja pasa hecho la Mocha por las ventanas, silbando crujiendo, cientos de siluetas difuminadas entre si derritiéndose por la velocidad en la obscuridad de su anonimato . . . nada fuera de lo usual. Mira todo pasar, suspirando en alivio. Vuelve a cerrar los ojos. Por lo menos hasta que oye el rechinido de los frenos. Cara a cara, no se atreve ni a ver los reflejos que piden un poquito de sus ojos, una mordida visual, un grito inaudible clamando por digestión cerebral . . . siente que algo se abre paso sobre el mar capilar, sale por la ventana y aterriza en el techo con un estrudendo. Lo único que puede oír es el ventilador succionando sobre al aire que exhala pesadamente. Sudor empieza a ser secretado, el calor aumenta hasta que algo sobre ella empieza a decir, un susurro encantador, un gran siseo, mientras todo yace unánime y petrificado, "Si recuerdas qué es la luz al final del túnel, ¿no?" Ella no responde. "Parece que no . . . que lástima, pensé que lo recordabas." Trata de alertar alguien, pero todo está hecho piedra, incluso ella, de la cabeza para abajo, su miedo y eso lo único con aparente permiso de moverse. "Aura, Aura . . . la luz al final del túnel es otro tren . . . la luz al final del túnel—" Por fin logra alzar la cabezs, sumida en miedo, sudor y desesperación, en el momento exacto para ver cómo el ventilador ya no está girando, y entre la rejilla desciende rápido como la Miseria, "—s o y y o."
Al fondo del vagón, visibles a través de un infrecuente valle de espaldas, dos hombres se saludan con los puños, uno de ellos silbando la melodía de Mi destino fue quererte. Sin soltarse, el otro, vestido de azul, mangas arrugadas y recogidas hasta el codo, revelando un reloj en cada muñeca, empieza a cantar “. . . maldigo al amor.” Sus manos empiezan a bailar en el reducido espacio que tienen. Muchos empiezan a sentirse incomodos, no están acostumbrados a ver la felicidad nacer de la nada. Un muchacho empieza a sonreír con ellos mientras que en los altavoces se les da los buenos días a todos con información sobre la estación que se aproxima. Sí, sí, nunca debes de olvidar sonreír. . . . Parece que él pensaba lo mismo hasta que entre gritos inesperados, Aura despierta del trance y logra ver en su cara una mueca para que la tierra se lo tragase, tirando la pequeña sonrisa que había logrado extraer de su interior al aire, el ventilador succionándola . . . pero la tierra ya se los había tragado a todos: el roce de su pene contra las nalgas de un señor habían despertado las fantasías reprimidas de su juventud, liberando a manera de supresión insultos y movimientos para mentarle la madre:
“Para pendejo no se estudia.”
“¿Lo dice por experiencia?”
Pero el peso del Amanecer hunde su rostro y su vigilia de nuevo entre cientos de suaves pelos sintéticos, propios de su almohada—afelpada chaqueta color cobertor, modelo hombro, con olor a suavizante y perfume—dejándola salir seis estaciones después de la planeada. Su destino es la escuela, la maldita escuela.
“¿Si pasaste?”
“Si, y no gracias a ti, maldito ‘storbo,” corriendo a las escaleras, 4 pasos por cada paso de persona normal.
Ring-ring. Extraída de la cama, Alán expide una serie de bostezos indivisibles. Coloca su desnudo pie izquierdo sobre la fría gravedad, espera un segundo, y descansa el derecho sobre la rejilla del compañero delantero. Con una mano silencia la desesperada alarma, con la otra vierte tinta negra de su pluma en símbolos latinos, pigmentos diluidos formando cadenas que denotan en claro-obscuro las ideas recibidas sobre el papel adiestrado. Las lagañas que bordean sus ojos se extienden en trenzas segmentadas hasta la tenue cuadrícula azul con fondo blanco, medio centímetro cuadrado de blancura, treinta y seis por cuarenta y nueve cuadritos, más bordes—blanco como el de su pijama, procediendo a quitársela con sonambulico fervor: primero la camisa, revelando la falta de ropa interior superior, enseguida los pantalones, dejando como huella de su presencia un patrón pintado en carne viva, montañas en contracara a las presentes en el elástico que lo mantenía adherido a su cintura. Todo cayendo a la misma velocidad. Al pasar a la siguiente página, esquina superior derecha, continua cepillándose los dientes, arriba-abajo, escribiendo izquierda-derecha, palabra tras palabra, deslizando sus ya calcetados pies dentro de un cómodo calzado sucio. Primero izquierdo, cruz, orejitas, nudo iniciando por la derecha, otro nudo más, después derecho, lo mismo. Seguridad, firmeza, libertad, alas para volar hechas de nilón y algodón. Finalmente ha acabado, la clase ha terminado y todos podemos relajarnos hasta que arribe otro metro atrasado, trayendo el clima del túnel, los vientos estacionarios presentes en la obscuridad llenando las arcas del andén, aventados a treinta kilómetros por hora más su velocidad natural. Variable. Demasiado variable. Cierra los ojos, no quieres que nadie entre en ellos, no quieres que nadie vea lo que hay en ellos.
“¿Por qué siempre llegan tarde?" Y al verlas tomadas de la mano, Alán añade "—¿y juntas?”
Un par de huh's desentonados y unísonos, lagrimitas de bostezo saliendo de los ojos de Kessandra y la anillada por Insomnio mirada perdida de Aura le responden.
Se toman de las manos en la forma particular de "hermanas" recién reconciliadas. El pulgar e índice de Kessandra formando un anillo falángico que, con sus internas sombras, logra diferenciar los de otra manera indiferenciables pigmentos de sus pieles, PMS P 37-9 C, dinámico a la temperatura ambiental y corporal—la anchura y profundidad de sus pares de ojos el único punto de anclaje del que todos pueden decretarlas como amigas, en vez de familiares, diferentes constelaciones, misma obscuridad.
"¿No han visto qué hora es?" continúa Alán.
Kessandra al fin se atreve a verla—09:07—al levantar la cabeza hacia el cuadrangular reloj sobre el pizarrón. Al bajarla, la punta de su nariz despliega el panel de notificaciones del estratégicamente posicionado celular de Asán, donde antes de retroceder y levantar sus puños, vislumbra debajo de la hora atrasada por un minuto, una serie de mensajes insoportablemente falsos con una tal "Linx", que días antes, vagando por las calles que de alguna u otra manera conectan a la burbuja de existencia de la preparatoria con el mundo exterior, la había visto con él, tomados de la mano, compartiendo con bromas y risas altisonantes una orden de tacos de canasta, frijol y papa por el olor, con un helado de la nevería más cercana, fresa, uva y choco-chips, caminando a una velocidad casi lo doble que la suya hacia Tlalpan.
"Shiinga tu madre, pende—" Entre i'es y e's, burbujea a la superficie de su consciente sensorial el espacio negativo, ciento cuarenta y tres punto ocho por sesenta y nueve punto cinco por ocho punto cinco milímetros, dejado por el vacío que su celular creó en su mochila al saltar de su posesión a la de otro sin su permiso, retribución monetaria o ya de mínimo un "gracias," apagando el final de su oración mientras Aura, ahora libre, camina hacía su lugar. Una mirada registra cada uno de sus movimientos.
Caminando, suelta un suspiro. Todos creen que se trata de un lenguaje pneumático por descifrar, pero nadie se atreve preguntar. Ella misma se ha percatado de esto, por lo que de vez en cuando expira versos de Blake y Lorca en un amateur morse. Pero hoy no se trata de eso, pues al saludar al resto, se pregunta cómo es que llega todas las mañanas sin recordar el trayecto ("¿Qué onda?"), con la ligera sospecha de haber vivido ya éste día ("Hola Aury, te ves preciosa." Ay: "Gracias, bebé.") de manera exacta. ("Hola chicos.")
Al ajustarse los garabatos del pizarrón poco a poco a sus ojos, cree haber leído algo relacionado a lo escrito alguna vez, aunque la memoria visual de un "proceso subconsciente" no puede ser traída a la consciencia, y las palabras "arco reflejo" sólo le recuerden a la entrada de su hogar anterior, memorias de un domingo por la mañana. La sigue mirando.
Con el Sol alcanzando su cénit, montañas apenas visibles, rugir incesante de motores, cláxones, comercio, pasos y risas sobre los pasillos, las paredes haciéndose más chicas con el paso del día, el reducir inquebrantable de la paciencia y los niveles de atención, sobre las empolvadas losas gris penitencia y tras mucho debatir interno, una figura se alza por detrás de los bosques de queratina teñida de colores extracapilares, aproximándose a ella mientras su respiración se hace más pesada.
"¡A!—Aura . . ."
Pausa la escritura, su mirada asciende y desciende al confirmar la forma de la voz . . . y suspira de cansancio. Pero él continúa, titubeando en su nervio-sismo: "¿Cómo e-estás?"
Al recordar lo dicho por su madre, tan repentino pero esperado como un relámpago en medio de la tormenta, Aura se toma firme y bruscamente de la chaqueta blanca de Ródian, usando el impulso para levantarse unos centímetros de su asiento y decirle, en un tono desinteresado y ahogado, cerca de su oreja: "Ah. Hola, Rod."
"¿Recuerdas lo de ayer?"
"No," responde bruscamente, hundiendo los ojos en su siguiente aliento, "no recuerdo ni cómo llegué aquí hoy, mucho menos los días anteriores; ¿qué hay de ti?" Pero antes de dejarlo responder, su madre de nuevo presente, vuelve al tema: "Ammm . . . No. ¿Qué fue lo que dije ayer?"
"Bueno, me dijiste que te sentías sola y querías compa—"
"¡Ahhh! Si."
"Y . . . Y pues—"
"¿Ajá?"
"Quedamos en salir. Además, me dijiste que—"
"¿Enserio dije eso?"
"Ammm. Si."
"Ah . . ."
"—me dijiste que te recordara, porque estabas un poco ebria."
"Creo que no fue solamente un poco, Ródian."
"¿Mande?"
"No, nada . . . Demasiado."
"¿En-tonces?"
"Si, seguro. ¡Ya qué!"
Ródian, un momento sin decir nada, se convulsionaba con tan grandiosa oportunidad. Aura le despertó.
"Búscame al salir."
"Claro."
Aura, Aura, su nombre rondaba incansable en las espirales de su pensamiento. Por un lado, se generaban memorias de posibles futuros, por el otro, con considerable mayor peso, un torrente presurizado de ingeniosa envidia y excelente mentira dejaba caer frente a su tercer ojo las memorias del famoso—por lo menos para él—muro de su hermano. Una pared patronizada con lazos y clavos de los que pendía ocasio-nalmente una impresión de 10x13 centímetros de algún tiempo en el pasado, a pie de recuerdo el nombre de la acompañante en turno, y por debajo la fecha y una aproximación de las coordenadas, tomadas de Gmaps, del lugar y el tiempo donde fue extraído aquel momento. Los lazos varían en color: hay una gran cantidad de rojos, los cuales, retorciéndose en las ápsides de la pared, finalmente regresan, tras separarse en T'es y reconformarse en Y'es, hasta un circular vacío central donde pareciera que habría de colgar una fotografía que aún no había sido tomada; y azules, verdes y negros, brotando en pasajeros callejones, resaltando puntos y fotografías que Ródian no comprendía, pero que su hermano, encantado con su palacio mental exteriorizado, siempre miraba todas las mañanas, para revitalizarlo.
"Una foto de las fotos, eh."
"Así parece ser. Quizás no deberíamos de llamarles fotos, si no capturas . . . engramamos bucles de los cuales no sabemos en dónde está su origen."
"Oye, ¿y si nosotros somos el origen?"
"Mira pequeño . . . Deberías ya estar en camino, migrando hacia las regiones fronta-les, en donde con tus habilidades servirías más para lo que se lleva a cabo detrás de aquellos rangos misteriosos. Y-Y no me digas—"
"Oh, quiero intentarlo."
Sola de nuevo, nota el acre olor originado por la quema de sustancias ilícitas en la calle vecina alcanzándola tras haber envuelto a todo el salón, entrando por la lejana ventana paralela a ella. Había encantados y había asqueados. La plasta azulada leve-mente bosquejada que el Amanecer resalta siempre sus contornos de, al alzarse y transformarse en el Atardecer, ya ha desaparecido por la reducción por contamina-ción del horizonte y su lejanía según el observador. Juntos, función y límite se deslizan en el mismo plano que los anticuados pantalones obscuros del profesor. "Bienvenido 23, por favor, antes del 49. Y 16, al extremo derecho, si es tan amable." Sobre las abscisas siguen corriendo datos y líneas, mientras gira su cabeza hacia la ventana, con asco de frente, ora al pizarrón, ora a su cuaderno, mismo asco, recreando las mociones ritualistas con las que despierta cada mañana, mojando sus ojos con lágrimas que, negándose a correr expulsadas de las órbitas hacia el suelo, hacía el centro de la tierra, empiezan a flotar, haciendo todo el uso posible de su tensión superficial, frente a su visión para contaminarle la vista con atmosféricas imágenes de ella, ésta mañana, frente a su espejo, contorneada por la niebla de su Insomnio. . . . Pues un sueño no sería tan aburrido . . . ¿O sí? Pero ya ha ocurrido tanto, por tanto, que ya no se inmuta mucho . . . No, no, no es la rutina, es que la rutina ya no cuadra dentro de lo que según ella, en algún momento, pensó que la llevaría a ser feliz; la lista de Cosas que valen la Pena hace un tiempo que ya fue olvidada, tanto para agregar, como para tachar, pues ahora la dinámica de su vida funciona a partir de la búsqueda de pretextos para seguir despierta, seguir con su vida de cualquier manera . . . Recuerdos y sueños, pasado y futuro, nunca presente . . . Quizás allí esté el problema . . . Quizás. . . . Y quizás hoy mismo descubra sí, sus sospechas confirmadas, alguna vez ha despertado realmente.
A sus apagados ojos cafés llegan fumarolas expirándose en patrones circulares, llevando su mirada, con cada grado recorrido aumentando el volumen acumulado ya dentro de ella desde hace años de su desesperanza, hacia el típico cuadro en el que se la vive y regocija Alán—que en realidad es la imagen típica de cualquier semipareja que se pueda encontrar en ese lugar, en cualquier salón, en cualquier jardinera, intentos por vencer la manera en la que todo parece perder calor progresivamente, incluso dentro de los corazones de aquellos que juran amarse con todo el corazón—lo que concuerda mucho con él, pues lo único que tiene fuera de promedio es su panza y su altura, ambos sobre la norma.
Vaya.
Aura se pregunta si alguna vez podrá dejar de verla—en realidad, verlas—de esa manera. Se “aprieta” dentro de su pantalón al centrar su vista en nada más y nada menos que en una de sus tantas tontas fantasías de pobre enamorado. Chica original y despampanante. Realmente la quiere, la quiere para esto y el otro. La mezcla de sus simplezas, dadas por ser partícipes de un mismo espectro en género opuesto, le da sabor a todos sus encuentros, encuentros en cuyos rumbos se pinta la orgánica corona de una pura Necesidad de Amor. Trap y reggaetón resonando con rock y hip-hop. Las voces de vodka, tequila adulterado, las famosas y queridas aguas locas, encantan los sentidos con la mirada concentrada de erotismo de unas medias lunas en celo, un movimiento de cadera o de cabello o de ambos, tejiendo y empujando con sus atracciones y sus repulsiones la tan buscada Receta Hormonal. En crestas se dice "son sólo tuyas" y otras tantas invitaciones para iniciar el fuego, en sus valles se ven frondosos abandonos e idas-sin-despedidas, tan originales en argumentos y disculpas, como cuando Alán piensa en cómo se congela cada vez que la(s) ve y cómo se calienta cada vez que la(s) besa, mucho más si le permite(n) un par de toques—aunque no muchos, disculpa, tiene(n) novio. . . . Y piensa que todo ello lo acerca a algún día encontrar a la indicada, aunque no se dé cuenta que solamente, con cada capa de lubricante vaginal de distinta procedencia añadida sobre su cabeza, solo reduce el círculo en donde persigue su propia cola, llegando beso tras beso a un punto donde no tenga más remedio que escoger entre parar a encontrarse o tragarse a sí mismo “sin querer.”
O eso se pinta mentalmente ella, con todos los grises del pantalón de Alán y el azul mezclilla de los ajustados jeans de Linda: colores celestiales familiares de aquel día. Pues . . .
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2020.03.16 11:48 expresasalud Cómo ayudar a los adolescentes a aceptarse a sí mismos

Cómo ayudar a los adolescentes a aceptarse a sí mismos
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Los jóvenes suelen tener mucha presión social, y ahora con las redes sociales más. La obligación es verse bien y también ser exitosos. Son presionados por sus pares e incluso por sus padres. Por eso como psicólogos en Perú te diremos cómo ayudar a los adolescentes a aceptarse a sí mismos. Toma en cuenta nuestros consejos al hablar con tus hijos.

Los mensajes que enviamos a los jóvenes

Muchos niños crecen con la idea de que deben verse bien, actuar y comportarse de cierta forma para ser aceptados e incluso merecer el amor de sus padres.
Este niño crecerá y tarde o temprano terminará desarrollando problemas de salud mental. Esto porque la presión social que reciben los jóvenes es más fuerte. Ellos se encuentran en plena etapa de cambios, tratando de conocerse y descubrirse a sí mismos.
Los padres son los responsables de enviar mensajes claros a los niños. De ayudarlos a amarse y quererse a sí mismos. Pero en la escuela y con sus amigos enfrentaran otros retos.
Por eso es importante crear en casa un ambiente de confianza, donde el adolescente se sienta bien, que sepa que es suficientemente bueno tal y como es, que podrá alcanzar sus metas y que lo apoyarán en las decisiones que tome.
Solo de esta forma el joven crecerá aceptándose a sí mismo.

Cómo ayudar a los adolescentes a aceptarse a sí mismos

La adolescencia es una etapa difícil para los padres, con estos consejos podrás ayudar a tu hijo a desarrollar su amor propio.

Fija límites

Amar y aceptar a tu hijo no significa que lo dejes hacer lo que quiera. Es importante establecer ciertos límites, porque, aunque ya consideras que son grandes, su cerebro sigue desarrollándose, en especial lo asociado a la toma de decisiones y el auto control.
Los adultos tienen más experiencia y conocimientos, por tanto, pueden saber cuáles límites establecer para sus hijos. Definir qué es aceptable, seguro y legal desde casa ayudará a los jóvenes.

Separa los comportamientos de la persona

Si un adolescente se comporta mal, como padre debes disciplinarlo de forma apropiada. Pero es necesario separar ciertas conductas de él o ella como individuo.
Por ejemplo, si tu hijo hace una fiesta sin tu permiso y termina en daños en tu casa. No debes decirle cosas como “eres un idiota”, “no esperaba menos de ti”. En lugar de eso, lo mejor es hablarles de la situación con palabras como “no me parece bien que hayas hecho eso. Espero que aprendas sobre esta situación y tendrás este castigo…”.

Acepta que las situaciones son distintas

Los adolescentes se enfrentan a situaciones como la decisión sobre qué quieren estudiar, y como padre no debes limitar las decisiones a lo que tu pienses que es correcto.
Ayudar a que tu hijo se acepte a sí mismo implica que le dejes tomar decisiones sobre su futuro, siempre bajo tu guía y consejos. No debes decirles cosas como “estudia lo mismo que yo” o “sigue mis pasos”.

Sé el ejemplo

Puedes decirle muchas cosas sobre sentirse bien consigo mismos a tus hijos, pero si tu no tienes autoestima, si no piensas que tienes valor, ellos lo notarán.
Los padres deben aceptarse a sí mismos para poder mostrarle a sus hijos que son buenos tal y cómo son.
Ya sabes cómo ayudar a los adolescentes a aceptarse a sí mismos, estar al tanto de su comportamiento es importante, mejorar tu actitud y ayudarlos es clave para su salud mental.
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2019.02.22 19:03 0010110101102011 Marc, la sucia rata (Poemas y cosas sueltas)

"No se puede conversar con los anarquistas, tienen tanta razón que molestan."

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NO ME DEJES
Otoño. Que sea otoño. Que sea otoño y que llueva. Mucho. Que haya leños ardiendo en un brasero. Y un gato. Que haya un gato y que sea negro y que mire de amarillo y que se enrosque y que nos enseñe un poco a vivir. Pero por sobre todas las cosas que sea otoño. Que le falte un vidrio a la ventana. Que entren por ese hueco la lluvia y el frío. Que tengas ganas de besarme. Muchas ganas. Que un hombre te espere en otra parte. Que sea otra vez otoño. Otoño y Que llueva. Y que no vayas. Que te quedes conmigo. Que sea otoño otra vez y que te quedes.
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Cabalga sobre mí. Aprisióname entre tus piernas y cabálgame. Cabalga. Agujeréame con la dura furia. Átame con cintas de cuero y agita tu látigo sobre mi espalda. Cabálgame. Empápame en el sudor de tu cuerpo. Cabalga sobre mí. Haz que te obedezca. Cabálgame. Dime qué soy y cuánto valgo. Claudícame. Extiéndete sobre mí como si fueras un pesado océano.. Asfíxiame. Cabálgame. Dime que me quieres y desaparece para siempre de mi vista.
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-Si eres capaz de mantenerte calmo ante los policías que arrastran a un joven manifestante.
-Si puedes impedir que tu corazón manche de rojo las paredes de tu cuarto.
-Si puedes mirar por TV mientras tomas un martini la marcha obsesiva y circular' de esas mujeres.
-Si puedes soñar pero le tomas medidas y le pones límites a tu sueño.
-Si eres equilibrado como para entender que una despedida es un hecho tan natural como un encuentro.
-Si sientes que no te contamina toda la mierda que te rodea.
-Si después de perder al ser que más querías consigues rehacerte en quince segundos y volverte a enamorar en el segundo siguiente, entonces...
Eres un verdadero monstruo, hijo mío. Tuya es la tierra y lo que hay en ella.
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Suicídense
por favor suicídense
por asco por locura
por resentimiento por narcisismo
para no dejarse morir lentamente
por asombro ante la maldad
por asfixia por horror
por soledad
por amor
dentro de lo posible por amor
pero por favor
suicídense.
Y si alguien les pregunta
qué hora es
respondan sin dudarlo
es la hora de suicidarse.
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Va a la iglesia todos los sábados a las seis de la tarde. Se confiesa y luego, a falta de una imagen más dichosa de su dios, se pone de rodillas ante ese cadáver semidesnudo que cuelga del techo. Lo mira fijamente. Al cabo de unos instantes ve que esa cara triste sonríe y le guiña un ojo. Entonces la prostituta se pone de pie. Hace una extrañísima señal de la cruz y se marcha hacia su trabajo. Sábado tras sábado. Entra en la iglesia. Se dirige al confesionario. Le dice al sacerdote que se acostó con un hombre. Que le resultó absolutamente imposible resistir la tentación de sentir del sexo del hombre entre sus piernas derramándole calor. Se explaya en los detalles. Sí, padre, precisamente porque fue demasiado bueno es que es tan grande el arrepentimiento. Se dirige hacia el altar, lo mira a dios, espera la guiñada y sale rumbo al trabajo. Entra en la iglesia. Se arrodilla ante el confesionario, Le cuenta al sacerdote que se acostó con ese hombre otra vez. Y con un amigo de él. Sí, al mismo tiempo. Que no. Que no la obligaron, pero que la indujeron, Da todos los detalles que puede hasta que la voz del cura la interrumpe. Y claro que está arrepentida. Lo mira a dios en el altar hasta que éste le guiña el ojo y parte hacia su trabajo. Entra en la iglesia. De rodillas ante el confesionario le describe al sacerdote su experiencia más excitante de la semana. Sí, con ese hombre y con el amigo. Y con dos chicas más. Sí, todos juntos, si no que gracia. No, cama no había. Sobre una alfombra enorme. Que sí, que lo bueno era la cantidad. Y la variedad. Que su arrepentimiento es tan grande como la satisfacción con que se fue a dormir esa noche. Luego el guiño de dios, la señal de la cruz y el trabajo. Al costado de la ruta sus compañeras le preguntaban a qué va a la iglesia todos los sábados. Ella, les dice que va a contarle sus pecados al cura. Las prostitutas le preguntan por qué lo hace. Y ella les responde: -Para que el cura se entere de una vez por todas de qué va la vida, y sepa lo que se está perdiendo. Luego, la prostituta vil, ruin y descarada, alza la vista al cielo y le guiña un ojo a dios.
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Los jóvenes de la ciudad comenzaron a suicidarse de pronto y sin que nadie supiera el motivo. No se podía caminar por la calle sin tropezar con algún cadáver. Muchos temían pasar cerca de los edificios sabiendo que podía caérseles un cuerpo encima. Los jóvenes saltaban al cielo desde las ventanas, reptaban mirando automóviles del lado de abajo, cantaban incomprensibles canciones en los túneles subterráneos, se lanzaban al río con una culpa atada al cuello. Era todo un riesgo andar por la ciudad en semejantes circunstancias. Las mayorías respetables exigieron que se tomaran medidas de seguridad. Los organismos oficiales se hicieron cargo y ya no se ven cadáveres de jóvenes por la calle. Los matan ellos. Sólo las minorías marginadas se quejan: han privado a los jóvenes de la única libertad que poseían.
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No.
Yo no fui el arquitecto de mi propio destino, ni el musicalizador, ni el director de fotografía, ni la cortadora de negativos, ni el maquillador. Yo no fui el arquitecto de mi propio destino. No me dejaron alcanzar un balde de sangre para llenar alguna vena, ni siquiera pude dar una mano para que lo pusieran de pie a mi esqueleto. Nada. No fui invitado a la inauguración de tan precario y fundamental monumento. No me pidieron ni la más breve opinión, ni siquiera un sí o un no dados con la cabeza. Participaron todos menos yo. Se metieron sin que los llamara. Se atribuyeron grados de parentesco, derechos y afinidades. Asistieron a mi entronación para vestir de fiesta sus egoísmos, tal vez porque tampoco a ellos les habían permitido ser los arquitectos de sus propios destinos. Intentaron convencerme de que yo era el arquitecto de mi propia vida cuándo ya me habían rajado los cimientos, retorcido las columnas, aplanado la bóveda. tapiado los ventanales, humedecido los sótanos, oscurecido las claraboyas y entristecido las raíces del jardín. Hubo uno que escribió que había sido el arquitecto de su. propio destino. Allá él con su andamiaje. Yo no construí nada. No fui el diseñador de la catedral de mi culo ni del burdel de mi alma.
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Las prostitutas toxicómanas son solidarias. No hacen daño a nadie pero son expulsadas del mundo civilizado. Las prostitutas toxicómanas son las únicas reservas de amor que le quedan a la humanidad. La humanidad las expulsa, y en ellas expulsa al amor. Hipócrita, erotofóbica y despiadada, la humanidad las expulsa. Las prostitutas toxicómanas son solidarias. Le dan amor al ciego, al que no tiene dientes, al deforme, al calvo libidinoso, al tarado mental, al obrero hastiado. Reciben unas monedas a cambio, es verdad. Pero las mujeres respetables cobran aún más caro y son incapaces de dar amor a quien le falta una pierna, un ojo o la inteligencia. Las prostitutas toxicómanas son solidarias. Aman por la paga, pero aman. Las prostitutas toxicómanas son buenas en su trabajo y no entienden por qué las expulsan del mundo civilizado.
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Espero que seas vos. Aunque veas este libro en manos de un policía... el intruso es él, este libro fue escrito para vos. Para que lo encontraras, para que lo robaras. Para que sepas que no puedo descifrar tu clave, pero que mientras escribía estas páginas, estabas en mí y te lo pasabas bien.
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No dejes que se vaya. Si se va no lo verás nunca más. Si se va hablará otros idiomas. Se cubrirá con ropas nuevas, Aprenderá distintas formas de placer. Descubrirá que era hermoso estar a tu lado pero que no eras imprescindible para respirar. No lo dejes ir. No puedes dejar que se vaya. Hazte un sitio dentro de sus pulmones. Asesínalo, pero no lo dejes ir. Los que se van no vuelven, los que vuelven son siempre otros. Apunta directo a su corazón y dispárale toda la muerte. Tienes el derecho otorgado por el demente tribunal del amor. Asesínalo. Te absolveremos los que hemos amado alguna vez. Pero no lo dejes ir, porque cuando se deja partir a alguien, ya no se lo ve nunca más.
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Después de cada pico. Inmediatamente después de quitar la aguja de tu vena, te abrazabas a sus piernas, a su cuello. La besabas. Te detenías minutos como siglos en su sexo. Lo lamías, lo aprisionabas, lo besabas, lo sorbías, lo chupabas, lo bebías, lo penetrabas con la lengua. Después del pico. Inmediatamente después. Justo cuando se te partía la cabeza de música. Cuando galopaban elefantes azules dentro de tus brazos. Te dijo -No me toques. Cerró las piernas. Se apartó de tu lado. Te lo dijo después de un pico. Inmediatamente después de quitar la aguja de tu vena. Se apartó de tu camino. Justo cuando te inclinabas a besarla, a gastar tu pico en amarla. -N o me toques. Lo dijo con una sonrisa estúpida y pura. Su "no" fue una flecha inocente lanzada al aire y estabas en pleno vuelo. No podrías aterrizar en los aeropuertos de su sexo. Ella no había despegado. Te dejó solo en el cosmos. No negó su sexo. Negó algo más hermoso. Negó todos los días. Las otras veces. Los picos anteriores. No la tenías para lamerle los pies, para besarla toda. Te quedaste inmóvil, aferrado a tus piernas. Empezaste a lamerte las rodillas. A quererte como un adolescente que oculta su cara entre las rodillas, un adolescente que se enfrenta a su primera soledad. Te perdiste en la montuña más alta. Un mal pico. Sabías la consigna: hay que amarse. Para sobrevivir, hay que amarse. Te besaste las rodillas. Te besaste los hombros. Buscabas un antídoto para la distancia. Te habías ido lejísimo sin ella. No la tenías para lamerle de los pies, para besada toda.
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En la oscuridad las palabras golpean contra las paredes. No me dejes. Retumba en el ciclo helado su voz diciendo no me dejes. Caen pesados, heridos de muerte de amor, los sonidos de las palabras en una profundidad sin oídos. Un perderse para siempre en el vacío. Un herirse la piel con el filo de la luna. Un golpearse contra la indiferencia. Una explosión de venas, huesos y células en algún rincón del pecho. El dolor impulsando una reacción en cadena. El dolor multiplicando una figura mutilada en infinitos espejos. No. Me. Dejes. Un apagarse todas las estrellas de dos en dos de diez en diez de mil en mil. No me dejes no me dejes no me dejes.
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La mujer deja caer deliberadamente un objeto que se estrella contra el suelo. Sonríe. Hasta ayer, su casa era un santuario, una prisión. Para moverse en ella, la mujer le pedía permiso a los objetos. Pedía disculpas por vivir. Ignoraba que podía ser libre. Nadie se lo había dicho nunca. Ahora un hombre se lo ha enseñado. Le ha mostrado la despiadada alegría de la libertad. Arranca una cortina y se la ajusta alrededor de su cintura. Recorta la foto de un desnudo y la pega sobre una naturaleza muerta. Le ha sido revelada su libertad y por eso nada desea más en el mundo qua entregarse al hombre que la liberó. Ser su esclava.
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¿Cómo junto todos los pedazos? No me dejes. Tenés que quedarte conmigo porque solo vos sabes si creo en algo a veces. Tenés que quedarte para decirme si está bien o si está mal o si no es asunto mío. Tenés que quedarte para decirme quién soy, para que no lo olvide, para que no me lleve un rayo hacia el centro de la tierra. No podes irte porque sólo vos sabes si quiero seguir viviendo. No me dejes. Aunque todo sea incierto pedime que salte (yo cambio la música por oír tu voz), pedime que salte en la oscuridad pero no me dejes. No me dejes.
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